Azafrán, el restaurante

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A veces nos sentimos atraídos por maravillas lejanas. Recetas de otros países, ingredientes exóticos, estupendos restaurantes en otras ciudades. Y nos olvidamos de lo que tenemos al lado. No lo vemos. Lo que es peor, en ocasiones lo menospreciamos. Los tomates del hortelano, el pan sobao de cada día, todas esas cosas que disfrutamos a diario sin darnos cuenta. La tontería nos ciega. Levanto la mano, entono el mea culpa y lo reconozco. Soy el primero en hacerlo.

Llevábamos tiempo. Mucho tiempo. Demasiado tiempo. Diciendo que teníamos que ir al restaurante Azafrán, que tiene buena pinta. Fíjate, te apuntas a un cursillo de cocina para San Valentín y empiezas a intuír lo que te estás perdiendo. La personalidad de Teresa te embelesa. Sientes la urgencia de ir a comer ahí. Aprovechas que vienen unos amigos de fuera y lo preparas todo. Sábado noche, amigos y muchas ganas de probar cosas nuevas.

Diez de la noche. Con retraso, empezamos. Mientras pedimos nos traen unas cortezas caramelizadas. Buenísimas. Se nos pone una sonrisa en la cara que ya no nos abandonará. Y no, yo solo bebo cocacola. Decidimos pedir unos entrantes calientes para compartir. Llega el primer plato, ensalada de queso de cabra gratinado y vinagreta de frutos secos. Mmmm. A partír de aquí se suceden uno detrás de otro. Sin pausa, pero muy importante, sin agobios, Lourdes los va sirviendo. Albóndigas crujientes de verdura con salsa de soja y miel, saquetes de sobrasada ibérica con queso curado al romero, empanadillas de cordero y asadillo de pimientos; salteado de pulpo, sepia, setas y ajos tiernos con huevo escalfado. Todos y cada uno de ellos absolutamente delicioso. Para terminar, llegó un plato de patatas al montón con setas, jamón y huevo gratinado. Esto fue algo ya sublime. Y nos quedaban los postres…. En pocas palabras, sencillez, humildad y pocas tonterías. Todos y cada uno de nosotros caímos rendidos ante la cocina de Teresa.

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Siempre hay que dejarse un hueco para los postres. Como buenos golositos, lo hicimos. Pedimos “Merienda Manchega”(bizcocho de azafrán con queso manchego, membrillo y sopa de romero con mistela), Mi postre de chocolate (brownie, chocolate caliente, helado de crema de chocolate y mousse de chocolate con leche) y hojaldre caliente de manzana y avellanas (con helado de vainilla y turrón de jijona). ¿Qué decir? La merienda manchega tenía unos sabores muy equilibrados, estaba buenísima. No menos que el postre de chocolates en texturas -¡con ese brownie!- o el crujiente hojaldre de manzana.

Azafrán no está en una cala paradisíaca, ni en un barrio chic de una gran ciudad. Está en Villarrobledo. Un pueblo raruno que trata mal a los suyos. Injusto a menudo con los que intentan hacer las cosas a su manera. Si venís alguna vez o estáis por aquí cerca no os lo penséis. Merece la pena probarlo.

Si quéreis ver más fotos de la cena hay un álbum en facebook.

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1 Comentario

  1. Qué razón tienes! Y no solo con los restaurantes, a veces recorriéndonos el mundo para ver lugares y paisajes maravillosos, para correr aventuras y no conocemos la tierra más cercana que nos rodea. Se nos olvida que las mayores aventuras suelen estar muy cerca, incluso dentro de nosotros mismos. Ay, que trascendental me puse, jiji! Qué pinta tiene todo…

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