Hannibal Lecter decía que se codicia lo que se ve. No, no he despellejado a nadie. Me he dedicado a moler garbanzos y soja para hacer un bizcocho. Cogí un puñado de garbanzos, el accesorio picador de la batidora y me puse a ello. Es un proceso lento y ruidoso. Casi artesano. Ver como los garbanzos, secos, se van desgastando poco a poco. Soltando polvillo entre un estruendo atronador. Supongo que si tuviera un robot de cocina o una thermomix sería más fácil, pero no es el caso. Luego le llegó la hora a las semillas de soja. Verde y resistente. Cuando vi que tenía la cantidad necesaria para hacer el bizcocho paré.

Harinas de soja y garbanzos

Aquí empezó mi codicia. Para llevar a cabo mi impulso necesité: dos huevos, una taza y media de azúcar, una taza y media de leche, tres cuartos de taza de aceite de oliva de 0’4, una taza de harina de trigo, una taza de harina de trigo integral, media taza de harina de garbanzos, media taza de harina de soja, un sobre de levadura y una puntita de curry. Se procede como con cualquier otro bizcocho. Se hornea con cariño y se come con calma. Al calor invernal del hogar.

Bizcocho de cereales y legumbres