Archivo de la Categoría Pescado
Mi madre prepara esta receta cuando vamos a Madrid. Como la mayoría de las madres es una gran conocedora de la cocina y sus ingredientes. Incluso en sus años mozos trabajó de cocinera en casa de una adinerada señora alemana. De ella he heredado el gusto de cuidar a los tuyos. Mimarlos con la comida.

La receta es sencilla. Bueno, mi madre, Paquita, se complica un poco más. Ella compra las almendras crudas y las fríe en casa. Yo usé almendras tostadas. De esas que vienen con la piel y se pelan fácilmente.
Vamos a necesitar una merluza de un kilo (que a unos melindres como nosotros cuatro nos sobró), patatas suficientes para cubrir el fondo de la bandeja, un par de ajos, un puñado de almendras y perejil.
Pelamos las patatas y las freímos como si fueran para tortilla (que no estén muy hechas, pues luego en el horno terminarán de hacerse). Mientras majamos los ajos con el perejil y las almendras. Una vez que esté bien triturado le echamos dos o tres cucharadas soperas de pan rallado y mezclamos bien.
En la bandeja del horno ponemos primero las patatas fritas. Sobre éstas la merluza abierta, desespinada y salpimentada. Terminamos cubriendo con el majado que hemos preparado en el mortero. Echamos un chorrete de aceite de oliva y metemos al horno unos diez o quince minutos a 180-200 grados. O hasta que se doren las almendras y el pescado quede hecho por dentro. No dejéis de hacerlo. Las recetas de las madres son un acierto seguro.
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Llevaba ya tiempo con ganas de probar a hacer cosas ahumadas en casa, bien con humo líquido o con sal ahumada como en este caso. La sal la encontré en Mercadona por poco más de dos euros. El procedimiento es el mismo que si marinamos el salmón. Cubrimos el pescado con la sal por encima y por debajo. Dejamos reposar 24 horas en el frigorífico. El olor a humo es muy fuerte. Cada vez que abríamos la puerta de la nevera se impregnaba toda la cocina. Una vez pasado este tiempo lo sacamos, limpiamos y ya está listo para usar.

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No me gusta el salmón a la plancha, ni al horno, ni en ninguna preparación. Sólo me gusta ahumado, marinado o crudo. Bueno, eso creía hasta ayer que hice éste salmón a la plancha.

Se cortan unos filetes de la cola. De unos cinco milímetros de grosor y se rocían con zumo de limón. Se deja un rato. Un rato pueden ser diez minutos. Mientras se pone a calentar la plancha. Cuando está muy caliente se echan unas gotas de aceite de oliva y se van haciendo los filetes. Hay que ser rápido porque deben quedar un poco crudos por dentro. Se sirven con unas escamas de sal maldón y chorrito de salsa de soja. Fácil, rápido y muy rico. ¡Ya me gusta el salmón a la plancha!
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Vale, así dicho no parece gran cosa. Cada vez tiendo a hacer las cosas más sencillas. Lo importante son los ingredientes. Si un pescado está fresco no te tienes que preocupar de nada más.
Tenemos una cola de merluza desespinada y ocho langostinos crudos. Con los restos de merluza (espina y cabeza) y las cáscaras de los langostinos hacemos un caldito. En una sartén pequeña salteamos las cabezas de los langostinos con un chorrete de aceite. Vuelta y vuelta. Nos protegemos el índice y el pulgar con papel de aluminio y les sacamos toda la esencia. Tamizamos este jugo y ponemos a punto de sal y aceite. Lo reservamos.

Mientras se hace la merluza a la plancha salteamos los langostinos, aderezados con un poquito de nuez moscada molida. Es muy importante que quede todo en su punto. Me gusta dejarlo, si acaso, ligeramente crudo por dentro. A la hora de servir (medio lomo de merluza planchado, regado con la esencia de langostinos y acompañado por los cuerpos de éstos) el plato quedó un poco huérfano. Faltaban unas verduritas salteadas. La mañana ya no daba más de sí.
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Visitando elbulli.com vi que vendían el libro de Ferrá Adriá y Caprabo. Es de esas cosas que no te las compras cuando las ves y luego te arrepientes. Lo vi en el Caprabo de Villarrobledo y nunca más lo había visto a pesar de haberlo buscado. Animado porque no cobraban gastos de envío lo compré. Creo que es una de mis primeras compras a través de internet sin contar las que hemos hecho en carrefour.es. Ayer hicimos salmón marinado, que es la única forma de comer salmón que nos gusta (bueno, ahumado también). Me acordé de la receta del sashimi de salmón del libro de Ferrá. Él lo hace con salmón crudo, pero es de sobra conocida mi incapacidad de seguir al pie de la letra una receta. Además, no teníamos salmón crudo. Troceas el salmón. Haces unas tiras de un dedo de ancho y luego las cortas por la mitad. Se colocan en un plato. Rallamos un poquito de piel de limón sobre el salmón. En una sartén ponemos zumo de limón, salsa de soja y aceite de oliva. Lo calentamos un poco. Removemos bien para ligar la salsa. Salseamos el salmón. Es un plato muy fácil, rápido y sano. El sabor del limón resulta delicioso.
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La mayoría de las cosas que descubrimos es por casualidad. Por accidente. Vas comprando cosas que no sabes qué son y que no sabes a qué saben. Y compras cosas que conoces pero no sabes en qué las vas a utilizar. Así tienes un armario lleno de productos exóticos y, en su mayor parte, inútiles.
En el último viaje a Madrid compré genjibre fresco en El Corte Inglés. No sé muy bien por qué. Lo he comprado otras veces y al final se me ha puesto malo y lo he tenido que tirar. Fue una compra por impulso. En el supermercando de El Corte Inglés hay un montón de productos irresistibles, pero carísimos. El jengibre solo valía un euro y algo. En un badulaque chino cerca de la Gran Vía, al que pasamos a comprar unos chupachuses, compré una pasta de arroz en láminas (rice cake) que se parecía a algo que vi en el programa de Narda.
Esta noche a los críos les tocaba pescado y Juli ha dicho que podíamos hacer una sopa de pescado. He empezado a buscar recetas de sopas japonesas. Quería hacer sopa de miso, pero no tenía el ingrediente principal, así que he tenido que improvisar. La cosa ha sido más o menos así:
En el cazo donde iba a hacer la sopa he salteado el pescado (una lenguadina, previamente cortada en tres trozos para que quepa en el cazo) con un poco de cebolleta. Lo he hecho muy poco, vuelta y vuelta a fuego vivo, y lo he dejado en un plato.
He echado un chorrete de aceite en el cazo que he usado antes y he sofrito el jengibre (cinco o seis laminitas muy finitas y picaditas) sin dejar que tomase color. He agregado agua y caldo de pescado, que casualmente, ya ves tú, tenía de los restos del sashimi del otro día. Al empezar a hervir he añadido el rice cake laminado y cortado por la mitad. Si no tenéis esto lo podéis sustituir por sepia. Ha hervido tres o cuatro minutos. Le añado unos tallarines royal (que tengo hace tiempo y no sé como se usan) que son muuuy finos y los hiervo un par de minutos. Apago el fuego y aparto el cazo.
Para presentar el plato he optado por unos cuencos de la vajilla oriental que tenemos, porque una sopa japonesa en plato como que no. Primero he echado los fideos y los he cubierto con el caldo. Es hora de rescatar el pescado medio crudo que teníamos reservado. Mientras ha hervido los tallarines y el rice cake hemos desespinado el pescado y hemos sacado los lomos. Ponemos tres o cuatro lomitos encima de los tallarines. Con el calor del caldo hirviendo se terminará de hacer.
Decoramos con alga nori en tiritas finas. He descubierto que es más facil si la cortamos con las tijeras y no con el cuchillo. Terminamos la presentación con media rodajita de limón, que queda muy bonita y va muy bien con el sabor del jengibre.
Itadakimasu!
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