En casa somos muy queseros. Nos encantan todos los tipos de queso. Cremosos, tiernos, curados… Sin embargo hasta ahora no habíamos una sopa, o crema, de queso. Hace tiempo probamos el blue Stilton, vimos los enormes Stilton en Londres e incluso nos hemos leído la bibliografía completa de Gerónimo Stilton.
Hace unas semanas, deambulando por la sección gourmet de unos grandes almacenes, nos encontramos con esta lata. Todos estuvimos de acuerdo en que nos la teníamos que llevar a casa para probarla. La acompañamos con unas tostaditas de pan sobao para matizar el intenso sabor del queso. Una pena no haber tenido nueces.
No me di cuenta la primera vez que te ví. Colgado en la pared de la habitación. Poco a poco te metiste en mi vida. Pasaste a mi walkman autoreverse para oirte sin descanso. Te escuchaba, te leía y te estudiaba. Verte en movimiento en la epoca pre-internet era una tarea de audaces. Videos piratas, international money orders y fancines recopilados por todo el mundo. Fuiste mi hermano mayor que nunca tuve, mi mentor, mi idolo. Le debo tanto a tu música como a tus genes. Pero a veces es mejor mantener la distancia. En el 95 te vi "in the flesh" en Londres y me quede impávido. ¿Fuiste tu o fui yo? Y ahora ha vuelto a ocurrir.
Lo siento. Te quiero, pero a distancia. De cerca veo tus zapatos inmaculados, tu pelo recién peinado y tu petulante arrogancia. Creo que necesito intimidad para sentirte cerca. Aunque terminé con los labios doloridos no fue como en esos días, ya nunca lo será.
Simone, eres mi madre cocinera. Mamá me ha enseñado el amor por la cocina, por las cosas bien hechas. El olor del bizcocho de naranja y de la tabla de plancha van parejos en mi memoria. Mi hermana siempre llama a madre, Paquita, cuando tiene alguna duda. Yo, como soy "así" acudo a tí. Mi libro de "Mil ochenta recetas de cocina" me lo regaló mi madre cuando me fui a vivir solo. Al hacerlo era como darme un trocito de ella. Era como decirme "No me puedo ir contigo, pero te doy este libro para cuidarte bien". Con él aprendí a hacer mis primeras tortitas con las que he conquistado tantos corazones, los crepes que tantas veces nos han alimentado en las tardes de ensayos y grabaciones. Y esa tarta de queso con glaseado de astrogirl que me valió el amor de una fan de las Vainica Doble (y a la postre se convertiría en madre de mis hijos). Como las madres verdaderas, solo me has dado buenos consejos. Me has enseñado a cocer las gambas, a hacer lentejas o unas rodajas de merluza en salsa verde. Gracias, Simone, y un besete allá donde estés.
Ed’s es un sitio especial. No se va tanto por la comida como por la ambientación. Es un diner que parece salido de los años cincuenta. Sirven batidos (¡de galletas oreo con baileys!), tartas y hamburguesas. Te puedes sentar en los taburetes circulares de la barra o en las sillas, igualmente perfectas, que hay en las pocas mesas del local.
En el mostrador y las mesas hay pequeñas gramolas. Por veinte peniques puedes elegir la canción que quieras escuchar. Todos clásicos del rock’n'roll. Escuchando a Elvis cantar “I can’t help falling in love with you” es muy difícil que no te guste lo que estés comiendo. Tomamos unas patatas con salsa de queso, hamburguesas y refrescos. Estaba todo bueno pero nada sobresalía más allá de la decoración.
Un buen sitio para tomar una hamburguesa y hacerse unas fotos.
El Lidl nos dio una sorpresa en nuestra última visita. ¡Tenían sushi! Una bandejita muy mona con once porciones pequeñitas. Un poco escaso para una comida pero ideal alegrar una cena. La relación calidad/precio es muy buena, ya que por unos cuatro euros (no recuerdo exactamente el precio) no puedes exigir demasiado. Además al ser congelado lo puedes guardar en la nevera hasta que llegue el momento de consumirlo.
Viene con todo lo necesario: palillos, wasabi, jengibre y una graciosa botellita de salsa de soja con forma de pez. Nos ha hecho mucha ilusión encontrar esto aquí. Esperemos que Lidl lo tenga de manera habitual.
No solemos ir muy a menudo al Lidl pero este verano hemos descubierto una razón para ir: sus helados. Están buenísimos y son muy baratos. Y además son de sabores… sorprendentes. Helado de nata con helado de frutas del bosque y salsa de frutas del bosque, cremoooso. Cuando llegamos a casa y lo probé y empecé a gemir, como sería que Juli, que estaba tendiendo en la terraza, me dijo que me callase que parecía que estaba haciendo otra cosa. Este verano hemos recuperado un sabor que no paladeábamos desde hace casi diez años. El sabor de ver la tele, diminuta, tumbados en un (feísimo) sofá cama. El sabor de los días ociosos de verano. El sabor del helado de nuez. En este caso es helado con jarabe de arce y nueces caramelizadas. y el descubrimiento de la semana ha sido el helado de cereza. ¡Riquísimo! Temía que pudiese llevar trocitos de cerezas confitadas pero no lleva tropezones. ¿Conocéis las picotas? Esas chuches redonditas superazucaradas, pues sabe igual. Exactamente igual. Un sabor irresistible. Ahora mismo lo estoy probando y… sería capaz de comerme toda la tarrina. Hala! a saquear el Lidl.