Alguna de las veces que hemos ido a ver a nuestros amigos que viven en Murcia nos han hecho caldero. Un plato de arroz y pescado, fácil de preparar pero muy rico. También lo hemos probado en La Tana, el restaurante del padre de las Hello Cuca.
Vamos a necesitar una dorada abierta y sin espinas, un tomate maduro, dos dientes de ajo, 200 gr. de arroz y un par de cucharaditas de pimentón del bueno. ¡Ah! y caldo de pescado. Lo podemos preparar con lo que desechamos de la dorada o tenerlo ya preparado de antemano.
En la cacerola donde vayamos a hacer el arroz echamos un chorrete de aceite de oliva y ponemos a calentar. Ahí hacemos, vuelta y vuelta, los lomos de pescado. Una vez hechos reservamos. Añadimos más aceite si es necesario y doramos los ajos que habremos cortado bien pequeño (yo lo suelo rallar). Cuando esté listo añadimos el pimentón y lo sofreímos. Sólo un par de vueltas para que no coja mal saber. Ahora es el turno del tomate, que habremos rallado. Lo mareamos un poco y añadimos el arroz. Después de muchos desvelos y disgustos he llegado a la cantidad justa para nosotros. 50 gramos por persona. Ponemos a hervir el arroz con el caldo de pescado (hará falta casi un litro). Éste no es un arroz seco, si no más bien caldoso. Lo servimos con el pescado y una cucharadita de alioli. Probadlo, ya veréis qué facil y rico queda.
En casa somos muy queseros. Nos encantan todos los tipos de queso. Cremosos, tiernos, curados… Sin embargo hasta ahora no habíamos una sopa, o crema, de queso. Hace tiempo probamos el blue Stilton, vimos los enormes Stilton en Londres e incluso nos hemos leído la bibliografía completa de Gerónimo Stilton.
Hace unas semanas, deambulando por la sección gourmet de unos grandes almacenes, nos encontramos con esta lata. Todos estuvimos de acuerdo en que nos la teníamos que llevar a casa para probarla. La acompañamos con unas tostaditas de pan sobao para matizar el intenso sabor del queso. Una pena no haber tenido nueces.
Una de las cosas que solemos hacer cuando vamos a Madrid es ir de badulaques. En casa es imprescindible tener alga nori o wasabi. Y siempre da gusto tener ramen instantáneo o varios tipos de fideos. Aunque también hay que ir con cuidado porque al final puedes acabar con un montón de cosas que luego no sabes cómo utilizar. Ahora mismo tenemos ajinomoto o agar agar y no me queda muy claro qué hacer con ello. Pero da gusto ir a la despensa y pensar “Guau, tengo tal cosa, veamos qué podemos hacer….”
Mis favoritos son dos. Están muy cerca uno del otro. El primero está al lado del rey de los tallarines (un buen plan sería comer allí y luego hacer la compra) y es donde compramos la arrocera. Un punto a favor es que el dueño habla con bastante fluidez castellano. Tiene sección de congelado y de productos frescos. El otro está a la espalda del mercado de los Mostenses, que no visité por ser domingo. Es algo más grande y tiene una variedad apabullante.
No me di cuenta la primera vez que te ví. Colgado en la pared de la habitación. Poco a poco te metiste en mi vida. Pasaste a mi walkman autoreverse para oirte sin descanso. Te escuchaba, te leía y te estudiaba. Verte en movimiento en la epoca pre-internet era una tarea de audaces. Videos piratas, international money orders y fancines recopilados por todo el mundo. Fuiste mi hermano mayor que nunca tuve, mi mentor, mi idolo. Le debo tanto a tu música como a tus genes. Pero a veces es mejor mantener la distancia. En el 95 te vi "in the flesh" en Londres y me quede impávido. ¿Fuiste tu o fui yo? Y ahora ha vuelto a ocurrir.
Lo siento. Te quiero, pero a distancia. De cerca veo tus zapatos inmaculados, tu pelo recién peinado y tu petulante arrogancia. Creo que necesito intimidad para sentirte cerca. Aunque terminé con los labios doloridos no fue como en esos días, ya nunca lo será.
La semana pasada me regalaron un plan perfecto. Un plan pequeño y rápido. En dos horas llegaría a la felicidad. Y así lo hicimos. Yo me encargué de buscar canguro. No fue difícil (¡Gracias!). Ella se encargó de todo lo demás.
Salimos el domingo por la tarde, después de comer. El tráfico se fue haciendo más denso según nos acercábamos a la ciudad. Doscientos kilómetros, sin problemas. Nos reunimos todos y nos decidimos por algo sin complicaciones. Tomamos unos sandwiches y unas cocacolas en Vips. Charlamos. Es la hora.
Esta sala no la conozco. No es de extrañar. Hace taaanto que no vamos a un concierto chulo… Estamos dentro. No hay demasiada gente. Avanzamos. ¡Hasta primera fila! Mmm… parece que no hay teloneros. Mejor.
Son las diez. ¿Qué hace ese hombre con un papelito en la mano? Sune se ha quedado sin voz. Nos tememos lo peor. Aún así habrá concierto. Sharin cantará todas las canciones. Gracias. Muchas gracias.
Lo que siguió fue una hora y cuarto de canciones perfectas cantadas por una replicante inexpresiva vestida de nochevieja. Una combinación ideal de melodía y ruido. Cuánto recuerda él a los hermanos Reid. Dos guitarras, un batería (superchulo) y algunas cosas pregrabadas. Entre medias dejaron caer una versión de “French disko” de Stereolab. ¿Es esto es cielo? Sí, esto es lo que habían prometido. Esto es la felicidad.
Este último jueves fue Jueves Lardero. Ese día los Juanes dan la bienvenida al carnaval y es tradicional ir al campo a comer o merendar. Esta vez nos invitaron a comer en una casa a unos kilómetros del pueblo. Cuando salí de trabajar y llegar allí ya estaba bien entrada la comida. Aún así llegúe a tiempo de probar la caldereta y las habichuelas, hechas en barro al fuego lento de la leña. Y los postres… Pasteles, fresas, tarta de queso, flan de natillas, flan de huevo. Pura gula.
Después nos fuimos al campo de otros amigos. Todavía quedaba tarde y sol. Y queríamos bajar los postres. Estuvimos paseando hasta que el sol empezó a esconderse y nos refugiamos en su casa de Las Ventas. Al calor de la estufa de tarugos probamos (¡por fin!) el queso Stilton. Acompañado por una copita de Oporto. Este queso es muy conocido en casa por dar nombre al inquieto Geronimo Stilton. Intrépido roedor protagonista de una treintena de libros (todos ellos avidamente devorados por nuestra ratita de biblioteca). Este año nos quedamos sin comernos la mona. Otra vez será.
No solemos ir muy a menudo al Lidl pero este verano hemos descubierto una razón para ir: sus helados. Están buenísimos y son muy baratos. Y además son de sabores… sorprendentes. Helado de nata con helado de frutas del bosque y salsa de frutas del bosque, cremoooso. Cuando llegamos a casa y lo probé y empecé a gemir, como sería que Juli, que estaba tendiendo en la terraza, me dijo que me callase que parecía que estaba haciendo otra cosa. Este verano hemos recuperado un sabor que no paladeábamos desde hace casi diez años. El sabor de ver la tele, diminuta, tumbados en un (feísimo) sofá cama. El sabor de los días ociosos de verano. El sabor del helado de nuez. En este caso es helado con jarabe de arce y nueces caramelizadas. y el descubrimiento de la semana ha sido el helado de cereza. ¡Riquísimo! Temía que pudiese llevar trocitos de cerezas confitadas pero no lleva tropezones. ¿Conocéis las picotas? Esas chuches redonditas superazucaradas, pues sabe igual. Exactamente igual. Un sabor irresistible. Ahora mismo lo estoy probando y… sería capaz de comerme toda la tarrina. Hala! a saquear el Lidl.
Las cholatinas son unas galletas argentinas de chocolate. Son galletas con el chocolate dentro, como las chiquilín ositos. Liliana se las en su último viaje a Argentina y el otro día que fuimos a pasar la tarde a Ruidera se llevó un postre hecho con cholatinas.
Es muy fácil de hacer. Montas 200 ml. de nata y le añades la azúcar que quieras. Una vez montada le echas dulce de leche. Bañas las galletas en café. Haces una capa de galletas y otra de nata con dulce de leche. Superdulce, superbueno, superfacil…