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Una de las cosas que solemos hacer cuando vamos a Madrid es ir de badulaques. En casa es imprescindible tener alga nori o wasabi. Y siempre da gusto tener ramen instantáneo o varios tipos de fideos.  Aunque también hay que ir con cuidado porque al final puedes acabar con un montón de cosas que luego no sabes cómo utilizar. Ahora mismo tenemos ajinomoto o agar agar y no me queda muy claro qué hacer con ello. Pero da gusto ir a la despensa y pensar “Guau, tengo tal cosa, veamos qué podemos hacer….”

La parte de arriba

Mis favoritos son dos. Están muy cerca uno del otro. El primero está al lado del rey de los tallarines (un buen plan sería comer allí y luego hacer la compra) y es donde compramos la arrocera. Un punto a favor es que el dueño habla con bastante fluidez castellano. Tiene sección de congelado y de productos frescos. El otro está a la espalda del mercado de los Mostenses, que no visité por ser domingo. Es algo más grande y tiene una variedad apabullante.

No me gusta el salmón a la plancha, ni al horno, ni en ninguna preparación. Sólo me gusta ahumado, marinado o crudo. Bueno, eso creía hasta ayer que hice éste salmón a la plancha.

Salmón a la plancha


Se cortan unos filetes de la cola. De unos cinco milímetros de grosor y se rocían con zumo de limón. Se deja un rato. Un rato pueden ser diez minutos. Mientras se pone a calentar la plancha. Cuando está muy caliente se echan unas gotas de aceite de oliva y se van haciendo los filetes. Hay que ser rápido porque deben quedar un poco crudos por dentro. Se sirven con unas escamas de sal maldón y chorrito de salsa de soja. Fácil, rápido y muy rico. ¡Ya me gusta el salmón a la plancha!

En casa no somos muy carniceros. Intento buscar formas novedosas de hacerla. Así es como dí con Shoogayaki. Se trata de marinar la carne, en este caso unos escalopines de ternera, en salsa de soja con jengibre rallado.

Shoogayaki

El jengibre debe ser fresco. Desgraciadamente no teníamos así que lo sustituí por uno en polvo. Mezclamos los dos ingredientes. Introducimos los filetes diez minutos. Los escurrimos y los hacemos a la plancha. Acompañamos con un arroz blanco cocido. Gochi soosama.

Hannibal Lecter decía que se codicia lo que se ve. No, no he despellejado a nadie. Me he dedicado a moler garbanzos y soja para hacer un bizcocho. Cogí un puñado de garbanzos, el accesorio picador de la batidora y me puse a ello. Es un proceso lento y ruidoso. Casi artesano. Ver como los garbanzos, secos, se van desgastando poco a poco. Soltando polvillo entre un estruendo atronador. Supongo que si tuviera un robot de cocina o una thermomix sería más fácil, pero no es el caso. Luego le llegó la hora a las semillas de soja. Verde y resistente. Cuando vi que tenía la cantidad necesaria para hacer el bizcocho paré.

Harinas de soja y garbanzos

Aquí empezó mi codicia. Para llevar a cabo mi impulso necesité: dos huevos, una taza y media de azúcar, tres cuartos de taza de aceite de oliva de 0’4, una taza de harina de trigo, una taza de harina de trigo integral, media taza de harina de garbanzos, media taza de harina de soja, un sobre de levadura y una puntita de curry. Se procede como con cualquier otro bizcocho. Se hornea con cariño y se come con calma. Al calor invernal del hogar.

Bizcocho de cereales y legumbres

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