Esta no es una lista con lo mejor del año. Es un recordatorio de momentos que, pasado un tiempo y volviendo la vista atrás, no quiero olvidar. Mi memoria es frágil. Lo mejor, lo más importante ha sido salir de ese gris despacho. Ahora no tengo ninguno. Ni falta que hace.

Amy, la biblio, los Raveonettes, las bases de pizza fresca, las paellas al aire libre, la lumix, Dexter, terminar de pagar el coche, el microplane, la visita de Gómez Cerdá, las vacaciones en Barcelona, Marina cumpliendo diez años, Amélie Nothombe, las agujetas del Wii sports, la navidad en Londres, ganar un Cooking Mama, la estufa de leña, las castañas asadas, los bizcochos, el pescado almendrado de la abuela…