La ciencia avanza pero yo no

Bueno, no exactamente. Disfruto rodeado de aparatos y tecnología. En fin, que todo esto viene porque llevamos ya más de un mes sin lavavajillas. Se rompió una pieza de la puerta y todavía no nos han mandado la nueva. Todos estos días, claro, hemos estado fregando a mano y he pasado por diferentes sensaciones:

1. Placer. Era como volver a recuperar algo que habías perdido. Tardaba más en hacer las tareas pero al mismo tiempo desaceleraba la dinámica diaria.

2. Enfado. No llega la pieza y ya me he pasado nosecuantas veces por el servicio técnico. Además estoy harto de perder el tiempo fregando.

3.  Aceptación. La verdad es que a veces es un poco engorroso pero ¿es realmente necesario tener lavavajillas? No. Como la mayoría de nuestras posesiones que son fruto de las necesidades artificiales que nos creamos.

No sé, últimamente me ha dado por pensar… mientras friego.

El lavavajillas vacío

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4 Comentarios

  1. Que cambio Dr. Muerte! Su casa no parece la misma desde que se le rompió el lavavajillas.

    Jeje, yo no tengo, y no lo echo de menos, como llevo un montón de años sin él, casi que ni lo he conocido, bueno y que no me disgusta demasiado fregar. El caso es que me gusta hacer espuma con el fairy.

  2. Sí, me cansé de los colorines (soy inconstante y caprichoso, lo sé) y salió mi lado siniestro. Háganos un favor, no cambie la suya. Es confortable, linda y luminosa.

    Siendo sincero he de reconocer que ya me he acostumbrado a fregar (a mí también me gusta hacer espuma con el estropajo y repelar las sartenes) aunque a veces es una tarea que se hace tediosa. Y es que, señorita, somos cuatro personas comiendo en casa todo el día.

  3. Yo he vivido 30 años sin lavavajillas y la verdad es que al principio no lo consideraba necesario pero he de reconocer que cuando empecé a trabajar los cacharros se acumulaban en la cocina a una velocidad espectacular, conforme crecía la torre más peceza me daba.
    Ahora que lo tengo me pregunto: ¿cómo he podido estar 30 años sin él?.

  4. Dr. Muerte

    Irene, pues como todos hemos sobrevivido hasta que lo hemos tenido. Una vez lo tienes, igual que cualquier otro electrodoméstico, te acostumbras a él sin darte cuenta. Yo ya no me imagino sin microondas. ¿Calentar la leche en el cazo? ¡Qué pereza!

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