Harrods en navidad es una bombonera adornada con miles de luces. En su interior, veinte mil metros cuadrados dedicados a los artículos más lujosos y exclusivos. Ir en rebajas es una locura. Apenas se podía andar por la planta de entrada. En cuanto pudimos nos fuimos a la planta infantil. El reino de los pequeños ponis y las niñas repollos. La sección de juguetes, con su tienda Hello Kitty, era impresionante. Todo lo que un niño puede desear estaba allí.

Harrods

Tras dar un paseo por el resto de planta decidimos ir a la sección de alimentación. Estaba igualmente abarrotada. El pequeño sushi-bar, la sección de carnes, de pescados, de productos frescos (mandarinas españolas a cinco libras el kilo…), la pastelería. Un desfile inacabable de productos de primera calidad. El uniforme del personal de cada sección era diferente pero todos llevaban sombreros y delantales. Hasta los guardias de seguridad, que parecían sacados de una película de los años cuarenta. Aparte del sushi bar hay otros sitios donde tomar algo, el Ladurée tea room, The Georgian restaurant, el Champagne & Oyster bar, el Mo’s diner, la Rotisserie… A pesar de que comer aquí no es nada barato había un montón de gente haciéndolo. Lujo, miseria y olor a naftalina.

 

La carnicería de Harrods