Membrillo, azúcar y amor

Membrillos

Los números son mágicos. Nos hacen sentir de diferentes maneras según el contexto en que nos encontremos. Diez puntos en un examen es lo más. Diez euros en el bolsillo es una misera. Nos fascinan los números redondos, cien, mil, un millón. Pero también los que son singulares, 7, 11, 13… He de confesar que durante mucho tiempo cuando iba al cine, y podía elegir, me sentaba en la fila siete, lateral izquierdo.

¿Y qué os parece el número 200? No sabría decir si es un número grande o pequeño. Lo que sí os digo es que esta entrada es la que hace ese número en este blog. Doscientas entradas, casi tantas recetas que hemos preparado en casa y compartido con vosotros.

Quería hacer algo especial para celebrarlo, ¿pero el qué? No tenía ni idea cuando surgió de manera espontánea un trueque con Sugar & Love. Mireia se emcaprichó de mi membrillo y yo llevaba tiempo prendado de sus galletas y cupcakes.

Sugar & Love, galletas y broche

No sólo recibí una impecable caja de galletas caseras personalizadas (¡y algunas de caniche malvado!) también nos mandó uno de los broches que hace. Con esas manitas fabrica pequeñas joyitas de formas superapetecibles, pero ¡ojo! no son comestibles.

Si queréis hacer membrillo en casa vais a necesitar unos cuantos membrillos (ya puestos, mejor hacer bastante cantidad, yo usé seis), azúcar, un trocito de jengibre y la piel de un limón.

Membrillo triturado con genjibre y limón.

Primero lavamos los membrillos y los cocemos, enteros, en una olla con suficiente agua para cubrirlos. Estuvieron unos 40 minutos, pero depende de lo maduros y grandes que sean. Si los pinchas con un palillo y puedes atravesar la carne sin dificultad los puedes retirar del fuego.

Pélalos, quítales el corazón (sí, es cruel, pero necesario) y trocéalos. Pesamos el membrillo. Lo trituramos y añadimos la misma cantidad de azúcar. De los 6 membrillos salieron 1350 gr. de puré. Echamos un trocito de jengibre fresco (unos 15 gr., sin piel) y la piel de un limón. Ponemos a cocer en una olla a fuego medio-bajo hasta que caramelice y espese. Es muy importante remover constantemente o se pegará.

¿Cómo saber cuando está hecho? A mí no me gusta que quede muy duro. Me despisté un poco pero creo que estuvo cociendo una hora y media o un poquito más. Para que te hagas una idea cuando llegó a este punto lo aparté. Tenía un color anaranjado tirando a marrón. Las pompas se rompían con una cadencia lenta y un sonido pesado.

Una vez se ha enfríado un poco lo guardamos. Mejor utilizar recipientes pequeños para poder dar a los amigos. Es ideal para tomar con requesón, queso fresco, ensaladas. Nosotros nos preparamos una tapita con pan de semillas, queso brié y un trocín de membrillo. De-li-cio-so.

Membrillo con queso fresco

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

4 Comentarios

  1. Menuda pinta tienen ese membrillo! yo tengo reservas para un año con el que ha hecho mi ama, pero con gusto te pillaba un trozo! 🙂

    lo de los colorantes: no hay que ser catastrofista, desde luego, por usarlo de vez en cuando no pasa nada, pero si hay alguna receta en la que hay que usarlo abundantemente (como el red velvet) o va a ser algo para niños, prefiero usar la alternativa natural, si existe. Además que no veas cómo son de tiquismiquis en mi casa para eso…

  2. Dr. Muerte

    ¡Todavía tengo reservas para poder hacer más trueques! 😉

    Estoy de acuerdo contigo en los colorantes (aplicable a cualquier otro ingrediente). No hay que ser alarmista. Si hay una alternativa natural fácil y cómoda mejor utilizarla. En casa apenas comemos bollería industrial por eso.

  3. Guau que ricossssss la pinta de los membrillos es espectacular. Y la de la mermelada ni te cuento

  4. Tengo unos membrillos, me voy a poner en plan! Ole!

Deja un comentario