Quesos La Rueda

Quesos La Rueda, Villamalea

Madrugar un domingo da perezón. Es un día de esos tontos en los que apetece tomarse las cosas con calma. Todo cambia si tienen un buen plan. Si José Luís te dice que hay que levantar temprano se hace y punto.

Nueve de la mañana. Llegamos puntuales a nuestra cita. Aparcamos en la puerta de panadería Sahuquillo (lástima que los domingos cierren) y llegamos a la quesería. En una muestra de ingenio y aprovechamiento de recursos la ha montado debajo de su casa. En lo que antes era un garaje (un garaje inmeeeenso). Lo primero es cambiarnos de ropa y asearnos. El ambiente en el que vamos a trabajar necesita la máxima higiene. José Luís tiene su propio rebaño de cabras así que controla todo el proceso. Tras el ordeño transporta la leche en contenedores especiales y una vez en la cuba empieza la magia. La leche que vamos a usar no se pasteuriza. De esta manera mantenemos vivos todos los bichitos buenos que tiene y se consiguen unos matices imposibles de obtener de otra forma. Comenzamos removiendo la leche para homogeneizar la grasa. Se sube de temperatura y añadimos las bacterias. Estas son, en parte, las responsables del sabor y personalidad final del queso. Poco después se añade el cuajo, se remueve la leche y se deja actuar. Para pasar este rato de inactividad nos damos con fruición a degustar una serie de quesos de distintas procedencias. De todo lo que catamos destacaría por su diferenciación un queso noruego que se elabora con suero caramelizado, de color dulce de leche y de sabor curioso.

Quesos La Rueda, Villamalea.

Volvemos al curro. La leche ya está cuajada. Ahora toca pasar las liras para hacerlo trocitos. Primero en una dirección, luego en otra. Se remueve con delicadeza, a mano. Está lista para enmoldar. Con ayuda de una especie de chino gigante vamos rellenando los moldes. Éstos tienen agujeritos por los que irá saliendo el suero que suelta la leche cuajada. Nuestra labor acaba ahí. Más tarde, cuando se hayan compactado pasarán a la estantería de una cámara frigorífica hasta que consigan su punto óptimo de maduración.

Quesos La Rueda, Villamalea.

No sé si os habréis dado cuenta de que todo el proceso es completamente manual. No hay máquinas que agiten la leche. Este es un producto realmente artesano. Estos quesos están en otra liga. No hablo ya de esas cuñas plasticosas y plastificadas que nos venden en los supermercados, no. Me refiero a que es algo auténtico, de verdad. Sabe a vida. Tienen esa cualidad que poseen los productos que se han hecho con dedicación y esfuerzo; amor. Es escuchar a Morrissey en un mundo de Pablos Alboranes.

Quesos La Rueda, Villamalea.

Por la tarde asistimos a una cata. Probamos quince quesos como quince soles, de todas partes de España. Algunos son de Cantagrullas (quesería que sale a colación repetidamente a lo largo del día), de Cerrucos de Kanama, otros, claro, de Quesos La Rueda. La variedad y calidad es apabullante. José Luís nos cuenta cosas de cada uno de ellos. Procedencia, tipo de elaboración, maduración, etc. Una experiencia que no dudaremos en repetir si tenemos la oportunidad.

Soy muy fan de este tipo de productos. Sin ingredientes exóticos, ni materia prima a precio desorbitado, ni mandangas raras. Echo de menos más cosas así, humildes, sencillas, mimadas. La Rueda es, en dos palabras, sencillez y excelencia.

P.d.: Si queréis ver más fotos podéis visitar este álbum de fotos.

 

 

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2 Comentarios

  1. Muy fan de estos quesos con cero artificios y de José Luis, a quien conocí el otro día. Mañana sale un pedazo de Moluengo en el post de deliciasdelmarcantabrico.com. Y es que quién se resiste al queso con anchoas? 😉

    Abrazo

    • Dr. Muerte

      Qué quesazos, Marta. Estamos enamorados de Moluengo, de sus hermanos y, cómo no, de José Luis. Con unas anchoas de las vuestras y una rebanada de buen pan se convierte en un bocado insuperable.

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